Nicolás Sánchez estaba encadenado a los ojos de Trinidad, unos ojos que eran negros como la tierra cuando llora la lluvia. En la oscuridad, la desesperación de Nicolás era palpable; le rogaba a Trinidad por una esperanza, pero ella era inquebrantable, asegurando que prefería matarse antes que volver a saborear la ingratitud del amor,. Nicolás, en un arrebato de su corazón necio que nunca aprende, la amenazó: «Si no has de ser para mí, te ahogaré entre mis manos para siempre». Trinidad se marchó, dejándolo sumido en el tormento.
Cansado de la humillación y el desaire, Nicolás intentó dejar el poblado, dirigiéndose a la quebrada de Cachihua con su rebaño. Mientras la nostalgia crecía en la distancia y la presencia rebelde de Trinidad se cernía sobre él, sus nervios estaban a punto de estallar. Fue entonces, en su locura, que presenció un fenómeno sobrenatural.
De entre el cuerpo beleidoso de los XES, apareció intempestivamente un diminuto perro con ojos encendidos. No era un simple animal, sino el Carbunco, una criatura fabulosa que surge repentinamente en la montaña durante la noche, relacionado con el espíritu de la montaña y el oro de los Llanganatis. Sus ojos brillaban como linternas, y la luz de aquella enigmática luciérnaga amarró la voluntad de Nicolás, tal como lo hacían los ojos de Trinidad.
El animal misterioso, cuyos ojos eran como dos llamas, le habló con voz profunda, ofreciéndole algo que sería decisivo en su vida. Nicolás fue guiado y el Carbunco le entregó un objeto:
La Bola de Oro del Carbunco El tesoro era un objeto brillante nacido del corazón de la tierra, envuelto en misterio (algunos dicen que el Carbunco tiene la virtud de defecar pequeños montoncitos de oro, visibles solo para los afortunados). Era una pesada bola de oro, densamente recubierta de piedras preciosas, con una pedrería que brillaba con intensidad inusitada,. Al poseerla, Nicolás sintió una dicha total, disipando su amargura.
El Carbunco desapareció tan pronto como llegó, dejando a Nicolás en posesión del regalo y con un único pensamiento: recuperar a Trinidad.
Al ver el tesoro, Trinidad se rindió, no por amor, sino por ambición. Fingió que la constancia de Nicolás la había convencido. Su corazón se llenó de un loco deseo de huir sola, llevándose el objeto para vivir rica en una ciudad de leyenda, donde sus ojos seductores amarrarían a los más hermosos hombres. Trinidad huyó, apretando la bola de oro con delirio.
Pero el espíritu de la montaña la esperaba. Mientras corría entre las matas canosas de los XES, el Carbunco reapareció. Sus ojos ardían como si dos llamas salieran de ellos. Por primera vez, un animal le habló, preguntándole a dónde iba con lo que no le pertenecía. Trinidad no pudo apartar la mirada de sus ojos y se sintió inmóvil, paralizada.
El Carbunco, leyendo la intención de su corazón egoísta, le arrebató el objeto y se tragó la bola de oro cubierta de piedras.
El Castigo Justificado Nicolás llegó solo para presenciar la desaparición del Carbunco. El animal, actuando como juez, dictaminó su castigo al separar a los amantes para siempre:
«Cada uno, Trinidad y Nicolás tomarán una senda distinta. Los dos irán por caminos diferentes que no han de juntarse jamás».
El Carbunco justificó esta sentencia señalando que ambos habían demostrado tener un corazón voluble, careciendo de firmeza para las decisiones futuras
"El Carbunco" video leyenda
Resumen de la leyenda "El Carbunco"
La leyenda del Carbunco, recopilada por Piedad Peña Herrera y Alfredo Costales Amaniego, relata la desesperación de Nicolás Sánchez, quien estaba «encadenado» a los ojos de Trinidad y la amenazó al ser rechazado. Cuando Nicolás intentó dejar el poblado, un ser fabuloso conocido como el Carbunco apareció en Cachihua, un diminuto perro con ojos encendidos, relacionado con el espíritu de la montaña. Este le entregó a Nicolás una bola de oro recubierta de pedrería.
Al ver el tesoro brillante, Trinidad aceptó a Nicolás, pero solo por su ambición, huyendo para vivir rica. El Carbunco reapareció, la paralizó con su mirada y se tragó la bola de oro. El Carbunco castigó a los amantes por su «corazón voluble»: Trinidad buscaba la riqueza y Nicolás solo anhelaba el cuerpo de ella. Ambos fueron separados para siempre, condenados a vagar sin hallar reposo y sin encontrarse nunca, penando sus almas en la quebrada de Cachihua
Que podemos aprender
Esta historia, recogida por los antropólogos Piedad Peña Herrera y Alfredo Costales Amaniego, ofrece una reflexión sombría sobre el egoísmo, la obsesión y la volubilidad del corazón humano.
Lo que podemos aprender de la leyenda del Carbunco es que la falta de firmeza en las decisiones y la corrupción de las intenciones resultan en un castigo eterno. El Carbunco, actuando como espíritu de la montaña y juez moral, dictamina la sentencia de separación para Nicolás y Trinidad porque ambos demostraron tener un «corazón voluble»:
1. El peligro de la ambición material: Trinidad fue condenada porque buscaba únicamente «la comodidad que puede dar los bienes de riqueza». Su amor fingido por Nicolás desapareció inmediatamente al ver la bola de oro recubierta de pedrería.
2. El castigo de la obsesión carnal: Nicolás fue castigado porque su amor era una obsesión centrada en «los frutos de la tierra y entre ellos el amor y sobre todo el cuerpo de Trinidad», lo que lo llevó a estar «encadenado a sus ojos» y a amenazarla.
