Leyenda quiteña | El último ensueño de Manuelita

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Leyendas del ecuador

Esta leyenda tiene lugar en Paita y a que la casa fue adquirida por la heroína quiteña durante su exilio en el  Perú, este espacio constituyó el lugar donde vivió hasta el fin de sus días junto a sus esclavas negras, a quienes liberó. Actualmente, existe una placa frontal que dice: «En esta casa vivió y murió Manuelita Sáez» la muerte de la heroína, quien nació en Quito en el año de 1797 y murió en el puerto peruano de Paita, el 23 de noviembre de 1856.

Cuenta la Sra. Laura Pérez de Oleas que Manuelita Sáenz estaba agonizando. Llenos de fiebre, sus enormes ojos negros vieron un lucero errante.

La enferma imagino que era el alma de Bolívar diciéndole:
-Manuelita, toma esta corona de rosas; Es la misma que tú me arrojaste desde un balcón aquella mañana de mí triunfal entrada a Quito. ¿Recuerdas?
-¡Bolívar!. . . ¡Bolívar!
-exclamó la moribunda, extendiéndole los brazos.
¿Dices que estoy hermosa con este vestido blanco y los colores de la Libertad?

-Sí, Libertadora –respondió el alma de Bolívar.
Tú fuiste la dueña de mi vida. Tú me salvaste de la muerte, en la noche septembrina. Dame tus manos y vamos juntos a la cumbre de la inmortalidad.

Entonces Manuelita quiso levantarse, mas no pudo sino gritaba angustiada no te vayas! ¡No te separes de mí!
-Amada mía -contestó el eco lejano de Bolívar.
Cierra bien tus ojos y sígueme: tú coronada de rosas y espinas; yo, de laureles y cardos. En vano trató Manuelita de correr hacia la sombra de
su amado, pues hallábase paralítica y agonizante. En medio del amargo llanto, volvió a escuchar:

-Mi Manuelita. .. en vida estuvimos atados por el amor; en la Muerte nos unirá la Gloria…
-¡No te vayas!. .. ¡No te vayas, por Dios!… ¡Vuelve a mis brazos, amor mío! clamaba Manuelita.

Semejante súplica fue oída por la sirvienta mulata, Quien, suponiendo que la llamaba, se acercó de inmediato.
-No es a ti, Imaya. Es a Bolívar… ¿No lo viste salir de aquí?
le respondió Manuelita muy molesta.
-No, mi niña. No he visto salir al amo militar, Niña;
la fiebre le hace desvariar.

Es así como, a la hora de la muerte, la Libertadora del Libertador tuvo junto a sí el espíritu de quien expresó:

He arado en el mar y cosechado en el viento. También es así como detrás de un hombre ilustre está una gran mujer.

Cuando las campanas de la capilla vecina daban las seis de la tarde, murió Manuelita en Paita, en 1856.

exilio de Manuelita Sáenz

Ubicación de la casa del exilio de Manuelita Sáenz, en Paita Perú