Leyenda ibarreña | La caja ronca

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Leyendas del ecuador

La Caja Ronca, es una leyenda de la ciudad de Ibarra. En San Juan Calle, donde actualmente se ubica el barrio El Carmen, cierto muchacho curioso, se empeñó por conocer en qué sueñan los fantasmas. Era conocido, que los aparecidos rondaban por la noche las calles de Ibarra, nadie sabía quienes eran, pero todos aseguraban que pertenecían al mundo de los muertos.

Con sus 11 años, este chiquillo, consiguió descubrir, que las almas en pena paseaban a la medianoche asustando a todo aquel que salía a la calle. Estas almas, según le contaron, no podrían ir al cielo, hasta que alguien encontrara los maravillosos tesoros que habían dejado enterrados, dentro de baúles hechos de fuertes madera que resistían la humedad de las paredes.

Carlos, buscaba una oportunidad para conocer a esos espíritus, que tanto miedo causaban a todos. Sentía muchas ganas de verlos, aunque sea desde la distancia. Con estas intenciones, se dirigió a la casa de Juan José, un amigo suyo y le pidió que le acompañara a regar la chacra.

Juan José, quedó sorprendido  ante semejante  petición  y dijo -¡Qué estás loco! Yo estaba  oyendo, cuando los del barrio hablaban de una procesión fantasmal que va por las calles, le dicen la Caja Ronca. Le dicen así, porque las almas van cargando un baúl lleno de plata. Cómo nadie ha encontrado el tesoro, las almas van buscando unas manos que lo liberen de su antiguo dueño.
-Oye Juan José  no seas malito,  acompáñame. Insistía Carlos.

Fueron tantos los ruegos del muchacho, que Juan José tuvo que aceptar. Así, fueron los dos muchacho hasta el barrio San Felipe. Cuando llegaron comenzaron su labor. Al terminar decidieron prender una fogata, mientras las horas pasaban, ninguno de los dos quiso hablar sobre la Caja Ronca.

Al poco tiempo, se quedaron dormidos. Pero de pronto escucharon un fuerte ruido que llegaba desde el portón del Quiche Callejón. Un poco asustados y confundidos se despertaron y se dieron cuenta que el extraño sonido se hacía cada vez más fuerte. Los dos chicos se acercaron a la hendidura, no podían creer lo que veían:

La procesión de ultratumba

Era una procesión; el protagonista, que iba  al cabeza del cortejo, estaba rodeado de llamas y daba órdenes  a los que le seguían. Los fieles iban caminando con lentitud y profundo pesar.

Los dos jovencitos curiosos, quedaron paralizados, parecían un par de estatuas pegadas al portón. Repentinamente, uno de los penitentes, cubierto con una capa negra, apareció, junto a la puerta, extendió sus manos y les entregó dos velas que aún estaban humeantes.

Los muchachos, no se dieron cuenta de que forma llegaron cerca de sus casas. En la mañana, cuando las beatas de San Juan Calle salían a misa, los encontraron echando espuma por la boca y sujetando con fuerza las velas de la procesión  fúnebre. Las mujeres que se acercaron para ayudar, miraron con gran espanto que aquellas velas se habían convertido en canillas de muerto.

Después de semejante experiencia, los niños nunca volvieron a ser los mismos.

Video de la leyenda la caja ronca